¿Vives con miedo?

VIVIR CON MIEDO¿VIVES CON MIEDO?

Todos conocemos al miedo, quien no lo ha experimentado personalmente (ya es raro) , lo ha visto en los demás.

Existen muchas cosas/ situaciones  a las que les tenemos miedo, unas son más fáciles de confesar que otras: miedo a las serpientes, miedo a las arañas, a la oscuridad, miedo a viajar en avión…otras sólo se confiesan en la intimidad y depende de a quién: miedo a engordar, miedo a hacer el ridículo, a la soledad, al fracaso…etc.

En este artículo vamos a hablar de los miedos del segundo grupo, de esos miedos que les vamos a llamar “secretos”, esos que sólo conozco yo o,  que cómo mucho me atrevo a compartir con personas de mucha confianza.

Y es que estos miedos  lejos de ser inocuos tienen una gran repercusión en nuestra vida, y no precisamente positiva.

Estos miedos actúan condicionando el  día a día de las personas que los padecen, condicionan su manera de ser, su manera de comportarse, de pensar, y lo más grave el cómo siente la persona que és, ( sintiéndose  desde cobardes, estúpidos, diferentes, raros, pequeños, poco o nada importantes, ridículos…etc), llegando a afectar y a influir no sólo en el estado anímico de la persona,  sino en la sensación de control y confianza en el resto de áreas de su vida.

Lejos de lo que mucha gente cree,  a estos miedos  no basta con ponerles nombre  y tenerlos identificados, por ej: este miedo me ocurre cuando, me coincide con que…, me vuelve cada vez que…

Tampoco es suficiente  con tener o conocer estrategias y recursos de “control” para afrontarlos o mantenerlos  a raya, por ej.

Si tengo miedo a engordar,” comiendo menos “o “ se que mañana me tengo que dar la paliza en el gimnasio”, si tengo miedo al qué dirán porque tengo que exponer o  simplemente hablar delante de un grupo de  personas,  repasando una y otra vez en mi cabeza dicha exposición.

No, esto no basta.

¿Porqué?

¿ QUÉ HAY DEBAJO DE ESTOS MIEDOS, CUÁLES SON LOS MIEDOS MÁS FRECUENTES?

La mayoría de ellos hablan de cuestiones personales, cuestiones que no han sido resueltas en su momento y que ahora aparecen “camufladas” bajo un nombre, una situación que parece que es la causante de que yo me sienta así, pero en realidad esa es la punta del iceberg, por debajo hay cuestiones más profundas que cuestionarse: miedo al rechazo, miedo a llevar la responsabilidad de la propia vida, miedo a tomar decisiones por lo que eso puede conllevar, miedo a afrontar  cuestiones como la muerte, la soledad…

Otros, curioso, son miedos heredados, miedos que no han sido experimentados personalmente pero que tienen un gran impacto emocional, por la influencia significativa de  las personas que lo trasmiten,  por ejemplo : los miedos que nos trasmiten nuestros padres u otras personas significativas, sobre todo cuando se es pequeño.

Los miedos “condicionados “ a través  por ejemplo de los medios de comunicación, hacia sectores de la sociedad con los que nunca hemos tratado, hacia lugares a los que nunca hemos ido…pero de los que ya tengo una idea preconcebida, los llamados “prejuicios”.

Miedos aprendidos, a través de las propias estrategias inadecuadas que utilizamos  para afrontarlos, entre estos los más frecuentes son: el miedo al miedo, el miedo al futuro, el miedo a lo nuevo  y a lo desconocido.

La gran mayoría de las veces estos miedos se inician y sobre todo se mantienen como consecuencia de querer controlar y anticipar todas las situaciones que yo preveo que pueden pasar y de las que es necesario ponerse a salvo.

 

¿ CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE VIVIR CON MIEDO?

Vivir con miedo con o sin saberlo da lugar a vivir con un estilo de vida que:

  • Afecta a la forma en la que percibimos la realidad. (el mundo es un lugar inseguro, las personas son peligrosas…o el mundo es un lugar aburrido, sin atractivo…).
  • Afecta al modo en el cual yo me sitúo con respecto a “esa realidad”: me quejo (víctima), intento cambiarla (controlador), le planto cara (agresivo/ imprudente , temerario).
  • Se tiende a focalizar la atención en los elementos negativos, en las amenazas (reales o imaginadas). O en los excesivamente atractivos, busco adrenalina y situaciones dónde pueda enfrentarme y retar a ese miedo.
  • La vigilancia, la anticipación, la evitación o comportamientos de riesgo se convierten en hábitos automáticos.

 

En definitiva  se  vive bajo la necesidad insana de querer estar y sentirse siempre a salvo, seguro, bien.

Y esta es una de las principales cuestiones que erróneamente damos por cierta y que lejos de conseguir que el miedo desaparezca o se minimice o sea nuestro aliado, consiguen todo lo contrario, consigue que el miedo encuentre un lugar dónde sentirse cómodo, fuerte y seguro.

 

 ¿QUÉ HACER?

 1.- Identificar si realmente se trata de miedo, no tenemos ni conocemos mucha información acerca de las emociones y sus manifestaciones, y a veces tendemos a confundirlas  unas con otras, no es lo mismo sentir:  ansiedad, vergüenza, expectación…que miedo, es verdad que unas  pueden conducir a otras así que cuanto más conocimiento tengamos sobre ellas, es cómo todo, mayor posibilidad de  poder encauzarlo  y redirigirlo adecuadamente.

Una vez reconocido el miedo y cuando sientas que de nuevo te está visitando:

2.- Pararse, quedarse quieto, no querer hacer otra cosa para evitarlo, pararse significa, dejar que el miedo entre en mi cuerpo y no querer huir de él, pararse, darle un espacio y un lugar desde el cual pueda sentirlo,  sino me detengo, sino  doy ese espacio,  entonces él lo tomará y buscará por su cuenta, y probablemente lo haga de la manera más desafortunada o inoportuna posible, ya que lo que él busca es atención.

Por tanto nos paramos y permanecemos con esa sensación /emoción el tiempo necesario como para darnos “tiempo “ a sentirla, 10, 15 minutos puede ser suficiente.

3.- Escucharlo, escucharlo de una forma muy particular, sin juzgarlo. El miedo no es nuestro enemigo, ni tampoco nuestro amigo, el miedo está ahí para informarnos de algo en nosotros y de nosotros que es importante, si permanecemos atentos a escucharlo, sino nos distraemos, nos empezará a dar pistas sobre qué , cómo y por dónde tenemos que empezar “a cambiar “.

4.- Preguntarse: ¿ qué me quiere decir esta emoción?, ¿ qué me está tratando de hacer ver?, sino estuviera, sino sintiera miedo, ¿ que haría? ¿ que cambiaría?.

 

Así que ¡ánimo! Son tantas o una sola pero seguro que  importante,  las verdades  que sobre ti y sobre los demás puedes aprender, que  merece la pena.